Las impresiones Fine Art: cómo imprimo mis ilustraciones

A lo largo de estos dos últimos años trabajando como ilustradora he tenido yo también mis dudas sobre qué sistema de impresión era mejor o más adecuado para mis obras, y en los principios solía recurrir a varias imprentas españolas, probando en sitios distintos para ver dónde me gustaba más, o en cuáles salía más económico producir💰.

 

 

Estaba olvidando, sin darme cuenta, algo que ahora creo que es clave: la cantidad de obra que tenía, y que iba a tener. Y eso es algo que va muy ligado a cada persona, a cada artista. Cada una tiene su forma de hacer y sus tiempos.

  • En mi caso tiendo a acumular muchos dibujos y a dudar mucho sobre cuáles hacer láminas u otras aplicaciones. Por lo que  acabé dándome cuenta que eso era muy complicado de que se adaptara a los pedidos en una imprenta, que suelen tener un mínimo tiraje y tienes que calcular muy bien el stock de cada lámina y rezarle a los dioses para que se venda todo.
  • Otro factor importante en mi caso es el papel: su gramaje, textura y calidad en general influyen muchísimo en cómo se va a conservar una reproducción a lo largo de los años. Para las acuarelas siempre utilizo papeles 100% algodón, y si quieres conseguir una impresión lo más fiel posible al original hay que hacer varias pruebas de color y papel, cosa que requería múltiples viajes y llamadas a la imprenta o jugártela y hacer el pedido online rezando una vez más para que te llegue bien.


Entonces descubrí el mundo de las impresiones FineArt y decidí apostar por él: son impresiones hechas con tintas pigmentadas o también conocidas como giclée, en las cuales la tinta se ‘pulveriza’ sobre el papel, dejando unos detalles, degradados y color excepcionales. Sería algo como una impresión en alta gama, lo más de lo más. Suelen utilizarse también para reproducciones fotográficas u obra serializada en museos y colecciones de arte, pues tienen una mayor resistencia a la luz. A la larga, se mantienen intactas durante muchos años más que los papeles convencionales.


Empecé a buscar impresoras que funcionaran con ese sistema y me decidí por la marca Canon ImagePROGRAF y papeles Fine Art que tuvieran un gramaje mínimo de 300g como ​​Hahnemühle o Canson Infinity, y la verdad es que es una pasada cómo se ven los colores una vez impresa la lámina. Gracias a los perfiles de color raramente he tenido errores con este tema, por lo que es otro motivo más a favor.

  • No voy a mentir: apostar por una impresora propia es toda una inversión, y en cada caso hay que valorar si sale a cuenta hacerla. Estos modelos y sus tintas (14 en mi caso) no son baratos y me costó un tiempo decidirme. En mi caso me ha dotado de muchísima libertad a la hora de imprimir, flexibilidad absoluta con el stock bajo demanda o pequeños lotes para puntos de venta / mayoristas y también una gran tranquilidad de no tener que hacer las idas y venidas a imprenta ni preocuparse por si te sobra o falta stock.
  • En los pedidos que hacéis en la tienda los preparo de forma manual uno a uno y hasta la fecha no he tenido ningún problema con la impresora ni el papel. Así evito tener montañas de prints y pruebas de color que no han ido bien y a la larga, se nota mucho. También en los bolsillos!

También hay que tener en cuenta dónde se trabaja, si se tiene un estudio con espacio para almacenar producto en grandes cantidades o si como yo te las apañas con lo que tienes en casa. Pero eso quizás mejor para otra entrada del blog 👀.